viernes, 14 de septiembre de 2018

La independencia de México, ¿una insurgencia Realista?



1821, año que otorga a la Nueva España el título de Nación Independiente, pero ¿quién o quiénes lo lograron: los primeros insurgentes o los realistas insurgentes? ¿Se conservaron los ideales de los insurgentes? ¿En qué condiciones se logra la independencia de México?

Por Galdino Enríquez Antonio
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Condiciones de la Colonia
Eran ya 10 años de lucha armada, más de un millón de muertes (García, 2016, p. 224). Entre los miembros del ejército realista, existía descontento por la forma en que la Corona repartía los premios y hacía llegar los salarios (Álvarez y Escalante, 2011, p. 144).

Del lado de los insurgentes, la muerte de grandes caudillos y la persecución cruenta de Callejas contra los que quedaban vivos, propició que se refugiaron en las montañas utilizando la guerra de guerrillas para hacer frente a las fuerzas realistas. Esta huida a las montañas hacia parecer que la causa estaba perdida (Quijano y Rico, 2009, p. 235). Entre 1818 y 1820, “la guerra insurgente casi desapareció, sólo se encontraban grupos dispersos en el sur… El virrey consideró que la guerra prácticamente había acabado…” (Álvarez y Escalante, 2011, 143). Delgado señala que “el movimiento insurgente estaba sofocado en casi todo el país” (2008, p. 130).

“El principal logro de los movimientos guerrilleros fue que terminaron de debilitar la moral de algunos miembros del ejército realista, situación que condujo a estos a albergar el deseo de poner un alto a la guerra.” (González, 2010, p. 67)

La Nueva España vivió una crisis financiera por la banca rota del imperio, esto debido a dos situaciones: la destrucción del país y la baja productividad propiciada por la misma guerra (Quijano y Rico, 2009, p. 235). Además, la “precaria situación económica española después de la invasión napoleónica”. García señala que “los campos de labor y las minas lucían abandonadas, la poca industria… había desaparecido” (2016, p. 224). Y por si fuera poco, “El comercio exterior… se redujo de manera drástica…” (Álvarez y Escalante, 2011, 144).

La iglesia, dueña de prácticamente la mitad las propiedades inmuebles (González y Guevara, 1971, p. 278), “resintió económicamente la crisis general, como todos, pero además disminuyeron los diezmos” (Álvarez y Escalante, 2011, 144), una de sus principales fuentes de ingresos.

La participación de las sociedades secretas a lo largo del proceso de independencia fue creciendo, entre ellos encontramos a los Guadalupes, la Sociedad de Jalapa y la masonería. Éstos últimos, por ejemplo, “tuvieron mucho que ver con el establecimiento del régimen constitucional en 1820 y con la destitución del virrey Apodaca.” (Wobeser, 2009, p. 159)

Los criollos consideraban que con la independencia, tendrían los mismos derechos políticos que los peninsulares. Y con la llegada del virrey O´Donojú, quien defendía los ideales liberales y simpatizaba con las ideas de independencia (Quijano y Rico, 2009, p. 235), despertó en gran manera la ilusión de la libertad.

“Miles de familias deambulaban en la miseria o huían de la violencia” (García, 2016, p. 224). Los grupos sociales desprotegidos (mestizos, indios y castas), consideraban que la independencia daría solución a la situación de miseria que vivían (Quijano y Rico, 2009, p. 235).

“El descontento de las autoridades, funcionarios y soldados” era evidente ante las políticas promovidas por la Corona  (García, 2016, p. 224). “Los propietarios criollos estaban inconformes, la guerra había disminuido sus ingresos.” (Álvarez y Escalante, 2011, 144). “La situación empeora con la violencia que ejercen los grupos bandoleros… las actividades del bandolerismo no solo mermaron las arcas reales, sino también a la población civil.” (González, 2010, p. 74 y 75)

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Ante este panorama, ni los insurgentes ni los realistas tenían opciones viables para obtener la victoria, hasta que apareció en 1820 un movimiento liberal comandado por Rafael del Riego  y obligó a Fernando VII a reestablecer las Cortes de Cádiz y jurar la Constitución de 1812 (Escalante y otros, 2004, 146).

La entrada en vigor de la Constitución de Cádiz no fue bien vista por los grupos monarquitas de américa (Quijano y Rico, 2009, p. 235). Esta constitución “generó gran malestar en Nueva España, debido a que la mayoría de los novohispanos no se identificaban con las ideas liberales y anticlericales” (González, 2010, p. 82), contenidas en ella.


El punto de quiebre
Los insurgentes llegaron a pensar que la Constitución de Cádiz les favorecía, al reconocerlos como ciudadanos con derechos políticos, garantías laborales y así como garantías en el ámbito social. Mientras tanto, los sectores privilegiados (el clero, la aristocracia, y los peninsulares), rechazaron esta constitución por sus ideales de igualdad social y tener una postura anticlerical (Álvarez y Escalante, 2011, p. 144). La restitución de esta constitución afectó los intereses del clero, la aristocracia y de los peninsulares, quienes optan por independizarse de España (Quijano y Rico, 2009, p. 234)

Llegó un momento que en la Nueva España se vislumbraba paz, pero con una recuperación económica nada fácil; la sociedad enfrentó una serie de conflictos políticos y sociales. Los cultivos sufrieron cambios en su ciclo de producción, los ranchos estaban abandonados y los pueblos indígenas empobrecidos (González, 2010, p. 81)

Bajo esta situación, Guerrero invita a los realistas a unir fuerzas para alcanzar la independencia (Quijano y Rico, 2009, p. 234). “Los diez años de lucha habían transformado tanto a la Nueva España que incluso los peninsulares se inclinaban por la independencia” (Escalante y otros, 2004, p. 146)

“Los insurgentes tenían demandas de justicia social (Rodríguez, 2012, p.170), pedían “una constitución apropiada al reino y el establecimiento de una república” (Escalante y otros, 2004, p. 146); mientras que, “los españoles peninsulares, junto con la iglesia y el ejército, que no abogaban por la población, sino por su bienestar… utilizaban un discurso parecido al de los insurgentes” (Rodríguez, 2012, p.170)

La aceptación de la Constitución de Cádiz, “desató una agitación política jamás vista hasta entonces, de la que puso sacar las mayores ventajas el clero” (González y Guevara, 1971, p. 278), Líderes religiosos promovieron el Plan de la Profesa, donde se planteaba “la independencia de la Nueva España bajo el establecimiento de una monarquía absoluta y la conservación de los privilegios eclesiásticos… junto con les peninsulares, no querían que en la Nueva España rigiera la Constitución española de 1812.”  (González y Guevara, 1971, p. 279), “La situación inquietó a los funcionarios peninsulares no solo porque vieron amenazados sus privilegios, sino también por la posibilidad de que el clero llamara a la gente a las armas.” (García, 2016, p. 224)

Los conjurados de la Profesa nombran a Agustín de Iturbide Jefe Militar Realista para combatir a Guerrero. Iturbide “Simpatizaba con la  autonomía pero había rechazado el curso violento del movimiento insurgente” (Escalante y otros, 2004, p. 147), percibió que lograr el apoyo de las partes en conflicto, sería benéfico para alcanzar la independencia. La encomienda de la Conspiración de la Profesa para Iturbide era la de pacificar al país y lograr la separación de la Metrópoli (García, 2016, p. 224)

Iturbide proclamó el Plan de Iguala, luego de alcanzar un acuerdo con Guerrero. El plan fue “trazado con el fin de unificar a todos los sectores sociales: al ofrecer empleo a todas las personas nacidas en el país”, se atrajo el interés de los criollos, de la iglesia y de las castas, pues ofrecía hacer realidad sus reclamos. (González y Guevara, 1971, p. 280). En este plan se adopta “como forma de gobierno una monarquía moderada, ofrecida a Fernando VII o algún miembro de la familia real. La religión católica sería la única reconocida en México” (Martínez, 2012, p. 196), entre otros aspectos importantes.

Iturbide buscaba proteger “la propiedad privada de todos, sobre todo de los españoles e Iglesia que son los que más tenían.” (De la Torre y Juárez, 1993, p. 93). A decir de él (Iturbide), estaba interesado en el bien y la felicidad de la Nueva España, por lo que buscaba pacificar al país, sujetando a todos los frentes a un solo mando nacional, bajo las órdenes de Guerrero, quien declinó a tal distinción (Miranda, 1997, p. 91).

“Promovía la idea de un imperio, constituido como una monarquía constitucional; sostenía que la colonia había alcanzado la mayoría de edad frente a España y, por lo tanto, había llegado el tiempo de que viera por sus propios asuntos de gobierno.” (Cuchí, Gómez y Villavicencio, 2017, p. 189). “La ejecución del Plan de Iguala sería amparada por un ejército de las Tres Garantías o Ejército Trigarante, que tendría su propia bandera.” (Cuchí, Gómez y Villavicencio, 2017, p. 189)

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Por su parte, Guerrero estaba dispuesto a seguir peleando “contra el mal gobierno” (González y Guevara, 1971, p. 280). Para esto defendía los intereses de los insurgentes, los cuales “pretendían el cambio de régimen colonial en el orden social, político, económico y cultural.” (González y Guevara, 1971, p. 282),

Los insurgentes estaban cansados de los agravios que los españoles le propinaban a la población civil, por lo que se decían, junto con Guerrero defensores de los verdaderos intereses de la nación (Miranda, 1997, p. 91). Guerrero “Había apoyado el proyecto independentista de Morelos, y hubiera preferido una república, pero sabía que sus fuerzas eran muy débiles para triunfar, por lo que se unió al plan de independencia que le propuso Iturbide.” (Speckman, Ávila, Pani y Ávila, 2008, p. 141)


Colofón
La promesa de Iturbide de lograr los ideales de la insurgencia hizo que Guerrero depositara su confianza en él. Pero la mano que mece la cuna, le indicó a Iturbide el rumbo a seguir, puesto que era claro los intereses en juego: los intereses de una nación entera o los intereses de grupos privilegiados.

 “La etapa final movimiento de independencia, se caracterizó por un cuartelazo, dado precisamente para no modificar el régimen colonial, sino dejar las cosas tal como estaban durante la Colonia.” (González y Guevara, 1971, p. 282).



Referencias:

Álvarez, M. y Escalante, G. (2011). Historia de México I. CDMX, México: Esfinge.

Cuchí, V. M., Gómez, R. y Villavicencio, N. (2017). Historia de México I. CDMX, México:
Gafra.

Delgado, G. (2008). Historia de México. Legado histórico y pasado reciente. México, D.
F.: Pearson.

Escalante, P., García, B., Jáuregui, L., Vázquez, J. Z., Speckman, E., Garciadiego, J., y
Aboites, L. (2004). Nueva Historia mínima de México. México, D. F.: El Colegio de
México – SEP

García, A. (2016). Historia de México I. CDMX, México: Gafra.

González, C. y Guevara, L. (1971). Síntesis de Historia de México. CDMX, México:
Editorial Herrero, S. A.

González, M. (2010). México Independiente: conformación de la nacionalidad mexicana.
Tomo I. 1800 – 1899. CDMX, México: SEP – Agencia Promotora de Publicaciones.

Martínez, L. (2012). Historia de México I. CDMX, México: Oxford.

Miranda, A. (1997). La evolución de México. Segundo curso. México D. F.: Grupo
Herrero, S. A. de C. V.

Quijano, F. y Rico, R. (2009). Historia de México II. CDMX, México: Santillana.

Rodríguez, Y. (2012). Historia de México I. CDMX, México: Anglopublishing.

Wobeser, G. (coord.) (2010). Historia de México. México, D. F.: SEP – Academia
Mexicana de Historia.


¿La Revolución de Independencia fue revolucionaria?

La presente entrada es una reflexión sobre un artículo publicado por Raúl O. Fradkin, titulado: "¿Qué tuvo de revolucionaria la revolución de independencia?"

Por Galdino Enríquez Antonio

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Raúl O. Fradkin hace un planteamiento interesante: la revolución de independencia, ¿tuvo algo de revolucionaria? Son dos términos que aparentan ser sinónimos, pero no lo son: REVOLUCIÓN es sinónimo de revuelta, sedición, levantamiento, sublevación, insurrección, rebelión, etc., mientras que REVOLUCIONARIA no se queda con estos términos únicamente, sino que es sinónimo de original, novedosa, avanzada, adelantada, etc.

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https://sites.google.com/site/historiademexicocobach13/bloque-vii/
En la pregunta, Fradkin llama a los movimientos independentistas de América como revoluciones y crea entre los lectores una disociación entre los conceptos: revolución vs. revolucionaria. Parece ser que la pregunta gira entorno a que si hubo algo extraordinario o novedoso en el proceso de independencia de los países americanos. Si esto es así, cambia el sentido del debate.

¿Qué tuvo de extraordinaria o novedosa la revolución de independencia? Tanto Raúl O. Fradkin y Gabriel Di Meglio responden que no existió nada extraordinario en los movimientos de independencia en América en el sentido estricto de la palabra Revolución como tal.

Gabriel Di Meglio señala que no hubo un cambio en los modos de producción ni tampoco una clase social desplazó a otra en el poder, tal y como ocurriera en la Revolución Francesa, por ejemplo, por lo tanto, no existió revolución alguna. Apunta que fue una reacción criolla ante la dominación española, puesto que no existía una nación previa al movimiento independentista.

Leer “La enseñanza de la Historia: Una asignatura pendiente”, en: http://tweethistoria.blogspot.com/2018/05/la-ensenanza-de-la-historia-una.html

Del mismo modo, Raúl O. Fradkin califica a los movimientos independentistas como revoluciones indirectas, es más, habla de revoluciones incompletas, inconclusas y hasta fallidas en el mejor de los casos. Se refiere a estos movimientos como una descolonización, sólo superada por las descolonizaciones del siglo XX.

En ese tenor, Alfredo Ávila y Rodrigo Moreno, hablan de una revolución abortada, fracasada, que no buscaba alterar el orden de las cosas, sino conservarlas, a acepción de la emancipación política. El movimiento independentista era en contra de un gobierno ilegítimo (José I) y que procura defender una religión, un rey, una patria y conservar las costumbres.

Esta es la posición los autores. Consideraron el movimiento independentista en sus resultados globales, no en sus distintas etapas ni en el logro de los distintos bandos. Aquí algunos ejemplos:
  • El planteamiento del Ayuntamiento de la CDMX en 1808 es revolucionaria, que de haberse concretado, sería una Revolución Gloriosa de mayor envergadura que la inglesa.
  • La abolición de la esclavitud, que no lo lograron los norteamericanos sino hasta la Guerra de Secesión medio siglo después.
  • La propuesta de la división del poder en un estado republicano y representativo, justo en los días del retorno de Fernando VII al poder (aclamado en tierras americanas) y que había desconocido las Cortes y la Constitución de Cádiz.
  • La desaparición de castas es un aporte a los movimientos insurgentes, ya que la India lo logró a penas el siglo pasado.
De lograrse la independencia en manos de los insurgentes, la revolución de independencia sería a todas luces más que revolucionaria, sería una historia digna de imitar a nivel global, como lo fue la francesa.

Leer “Encabezados por un cura, inician revuelta popular”, en: http://tweethistoria.blogspot.com/2018/06/encabezados-por-un-cura-inician.html

Todas las revueltas o revoluciones tienen un proceso único, y cuando calificas uno de estos movimientos por sus resultados al final de dicho proceso, sin mirar los aportes a lo largo de la evolución del movimiento, encuentras juicios inconclusos, fallidos, abortados, fracasados o incompletos.

Considero que la pregunta está mal direccionada. Da la impresión de que se enfocará en los planteamientos revolucionarios, extraordinarios, novedosos del movimiento independentista y te llevas la sorpresa de que el autor se centra en el sentido estricto de la palabra REVOLUCIÓN.

Puede leer el artículo de Raúl O. Fradkin, en: 

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