sábado, 29 de enero de 2022

La carta

Por Joaquín Guzmán 

Todo estaba mal en la vida de Fidel. Tenía problemas en casa. Carecía de amigos sinceros. No tenía nada de lo que deseaba; ni siquiera albergaba la esperanza de obtenerlos. En el amor, no estaba en la lista de elegibles para las chicas que conocía.  

Llevaba semanas buscando con quien charlar y descargar sus aflicciones. Pero sentía que nadie lo escuchaba, ni siquiera su madre. Para escapar de sus vicisitudes, encontró refugio en el alcohol y en algunas drogas, pero descubrió que, al pasar sus efectos, su condición empeoraba.

Uno de esos días determinó separarse del mundo de los vivos y pidió permiso de ausentarse de las últimas clases, argumentando que se sentía mal. Cuando llegó a su habitación pensó en algunas personas que lamentarían su partida y decidió escribirles para despedirse.
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vida/2020-11-03/una-carta-llega-al-buzon-
100-anos-despues-de-su-envio_2813460/

Esa tarde escribió y escribió tanto que se quedó dormido y no despertó hasta el amanecer del siguiente día. Ya más tranquilo, se dispuso a ir a la escuela y darle el último adiós a quienes en algún momento le tendieron la mano.

Platicó con Paco, que con su alegría animaba a todos. Lloró junto con Susy, la compañera que fue en algunas ocasiones oído de sus lamentos y paño de sus sinsabores. Pero tuvo un extraño sobresalto que le indicaba buscar a alguien más. Así que se acercó al Prof. Gabilondo y platicaron en su cubículo durante más de un periodo de clases.

Al pasar el tiempo, Fidel se graduó como médico y el profesor recibió una carta de agradecimiento por aquella charla. Fidel le confesó los planes de aquel día y cómo esa conversación detuvo lo que parecía inevitable.

Ahora, cada vez que un alumno se acerca para platicar, el profesor deja de lado sus pendientes y los escucha con atención, porque con Fidel, no recuerda qué se dijeron ese día.

La maestra favorita

Por Galdino Enríquez

La mayoría de los niños habían completado su examen escrito. Para que no interrumpieran a los que faltaban, la joven maestra les dio permiso de salir al patio. La algarabía del juego llegó tentador a los oídos de Jairo, quien no tardó en entregar su prueba y acompañar en el bullicio a sus compañeros.

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La maestra tomó la prueba y comenzó a revisarlo. Al hacerlo, se dio cuenta que gran parte de ella, no estaba resuelta. Así que hizo volver al menor de siete años al aula y le pidió completarla.

Pero la alegría del juego resultó más atrayente y no ayudaba a la concentración de Jairo. Y fue peor cuando sus compañeros comenzaron a apurarlo desde la ventana. Entonces, los espíritus del arrojo poseyeron a Joaquín, quien tomó su examen y se lo presentó de nuevo a la maestra.

Colocando la palma de su mano derecha sobre el papel y con voz de mando le dijo:

-      Maestra, póngame 5, 8, cero; lo que usted quiera – y salió corriendo sin esperar alguna indicación.

El rostro de la maestra cambiaba de tonalidad mientras respiraba y abría sus ojos aceitunados inundados de sorpresa. Cuando recobró la cordura, tomó la prueba y se dirigió a las oficinas del colegio para exponerle al director el caso. Cuando terminó de hablar, el director le preguntó:

-          ¿Dice que mi hijo hizo todo eso?

-          Si.

-         Dígame. Cuando los otros alumnos comenten alguna falta académica que afecte su desarrollo escolar, ¿usted llama a sus padres?

-          No.

-          Hágalo.

Desde ese día, la maestra Miriam se volvió en la favorita de los padres de familia.

Las concepciones docentes y la clase de Historia

¿Cuánta injerencia tienen las concepciones de los docentes en el desarrollo de su práctica docente? ¿La clase de Historia está influenciada ...