La disciplina no es un concepto periférico en la Educación Adventista; es uno de los elementos medulares del desarrollo formativo del individuo, donde convergen la moral, la libertad y la responsabilidad personal. En La Educación, Elena G. de White dedica un capítulo completo a la disciplina, (Cap. 43: La Disciplina, del cual se recomienda hacer una lectura frecuente) no como imposición de normas, sino como un proceso intencional orientado a la formación del carácter y al autogobierno.
Disciplina como capacitación del libre albedrío
Contrario a concepciones autoritarias de la disciplina escolar, el enfoque presentado por
White sitúa la disciplina en función de la educación del individuo para la autodisciplina y el dominio propio. El propósito esencial de la disciplina, según este capítulo, es que el estudiante llegue a gobernarse por sí mismo, guiado por una convicción profunda de lo que es correcto. La obediencia, entonces, no se enseña como mera sumisión a reglas, sino como una actitud racional y consciente que reconoce la justicia y la razón detrás de las normas.En los colegios adventistas, donde el ideal educativo es formar individuos
íntegros y comprometidos con principios cristianos, este enfoque se vuelve
particularmente relevante. La disciplina redentora no se concentra en la
repetición mecánica de reglas, sino en cultivar la comprensión de que la
obediencia razonada prepara al estudiante para la libertad responsable en la
vida adulta.
El equilibrio entre autoridad y voluntad
White subraya un punto que muchas veces se pasa por alto en debates contemporáneos
sobre disciplina: la aplicación del castigo físico y la coerción pueden
asegurar sumisión superficial, pero destruyen la fuerza del carácter.
Exigir obediencia sin cultivar la razón y la voluntad puede crear individuos
sujetos únicamente a la autoridad externa, incapaces de regular su propia
conducta cuando dicha autoridad se ausenta.
Este planteamiento tiene implicaciones claras para la administración de los
colegios. Las políticas disciplinarias deben evitar métodos que busquen “romper
la voluntad” del estudiante. En cambio, deben buscar guiar y moldear la
voluntad, preservando su fuerza y capacidad de elección. Esto implica
un ejercicio pedagógico que combina firmeza con empatía, normas claras con
explicaciones razonadas, y consecuencias justas con oportunidades de
comprensión y enmienda.
Disciplina y relaciones humanas en la escuela
Un aspecto esencial del capítulo es la redefinición de la autoridad del
maestro y del ambiente disciplinario escolar. White afirma que el
docente y los padres actúan como representantes de Dios, de manera que
la autoridad en la escuela no es arbitraria, sino que está enraizada en una
ordenación moral superior.
Sin embargo, este ejercicio de autoridad no debe implicar vigilancia obsesiva ni sospecha constante. El desarrollo de la confianza y el respeto mutuo, en lugar del control rígido, fortalece el sentido de honor y responsabilidad en los estudiantes. Esto se traduce en prácticas concretas:
- Promover expectativas claras y justas.
- Explicar el propósito formativo de las reglas.
- Favorecer la participación de los estudiantes en la formulación de normas.
- Fomentar el respeto mutuo y el sentido de comunidad.
Reprobación, corrección y restauración
La disciplina redentora también redefine la reprobación. No se trata de castigo
o censura que humillen, sino de corrección que conduzca a la
comprensión, la enmienda y el crecimiento. White advierte que una
censura constante o un ambiente crítico desgastan la autoestima del estudiante
y no producen reforma genuina.
Por el contrario, la disciplina con empatía, que guía al estudiante
a reconocer sus errores, comprender sus consecuencias y reconciliarse con los
principios rectores, fortalece el sentido de responsabilidad y la esperanza de
superación. En este sentido, el enfoque adventista apunta a educar no solo
académicamente, sino moral y espiritualmente.
Disciplina que redime
En una sociedad en constante cambio, donde la autoridad tradicional enfrenta
cuestionamientos y resistencia, la disciplina redentora, según lo expuesto por White,
ofrece un paradigma educativo centrado en la formación del carácter
basado en principios eternos, en lugar del control externo. Esta
disciplina, practicada con paciencia, justicia y amor, prepara a los
estudiantes adventistas para enfrentar las exigencias de la vida con
autocontrol, responsabilidad y un sentido profundo de libertad cristiana.
En resumen, la disciplina debe ser una herramienta de redención, no
de coerción. Solo así los colegios adventistas podrán cumplir su
misión educativa: formar individuos equilibrados, moralmente responsables y
espiritualmente firmes, capaces de responder a los desafíos del mundo con
sabiduría y fe.