domingo, 14 de noviembre de 2021

Un soldado en el frente de batalla

¿Qué habría hecho usted? ¿Habría tirado del gatillo? ¿Se opondría a la orden de un superior durante un enfrentamiento real?

 

Por Joaquín Campos

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Esa tarde pasé por su casa, que me queda de paso al campo deportivo de beisbol, donde solía entrenar atletismo y mantenerme en forma ante cualquier convocatoria que apareciera y poder competir. Me llamó la atención verlo meditabundo, con la vista clavada en el suelo, sentado en un taburete bajo el árbol de mango que está en medio del patio de la casa donde vivía.

Siempre que pasaba por allí, lo veía llevando agua al bebedero de las pocas vacas que su papá tenía en un improvisado corral, llevando leña al lugar dónde su mamá hacía las tortillas, desgranando maíz, limpiando el patio de las hojarascas que el viento desprendía de los árboles cercanos… en fin, siempre lo veía haciendo algo, pero no era propio de él jugar a ser un griego filosofando.

-          Hey, viejo – le grité desde la calle, disminuyendo la intensidad de mis pasos –, ¿cómo estás?

Levantó la mirada, y cuando me vio, devolvió el saludo levantando tantito la cabeza sin decir nada. Me detuve y, después de pensarlo un par de segundos, entré al patio y le pregunté qué tenía, si pasaba algo con él o con la familia. Se limitó a ver el casco militar que sobresalía de la ventana de la habitación donde dormía.

-          ¿Puedo? – le dije refiriéndome si podía pasar y tomar aquella pieza de su uniforme en la milicia. Cuando lo tomé, supe que ya no era un casco cualquiera. Era lo que le permitió mantenerse con vida durante la guerra contra el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Había un poco más de cinco esquirlas de bala incrustadas, que dan testimonio de lo cerca que estuvo de la línea de fuego.

-          ¿Qué pasa viejo? ¿Hay algo que te gustaría platicar?

Comenzó a contar que cierto día, le dieron la orden a un grupo de soldados, de salir a patrullar en una zona cercana al campamento donde mantenían un control carretero. En el trayecto, los zapatistas, que mantenían alguna especie de vigilancia en el camino, lanzaron un ataque al convoy de unidades de motor del ejército. Las unidades más afectadas por la agresión, fueron las que encabezaban la caravana, por lo que los soldados que venían en las unidades de la retaguardia alcanzaron a tomar posición y repeler el ataque.

Es probable que la mala organización o la poca preparación militar de los zapatistas, fue fácil para los efectivos militares rechazar el fuego enemigo. Varios zapatistas causaron baja en el lugar, otros quedaron heridos suplicando ayuda; algunos lograron huir de la zona. El capitán que encabezaba el grupo de soldados ordenó la persecución de los zapatistas que se adentraron en el bosque.

Fueron seguidos por espacio de media hora, subiendo y bajando lomeríos en los Altos de Chiapas. De vez en cuando se escondían detrás de los árboles de tallo ancho para hacer disparos y disuadir la persecución militar. Cuando estaban por darles alcance, el grupo de zapatistas se introdujo en una casa de maderas que encontraron a su paso, cerca de un arroyo.

Por radio, los soldados reportaron su ubicación y quedaron a la espera de órdenes. En tanto que llegaban otros efectivos militares, montaron una guardia, formando una especie de medialuna y cubrir los puntos ciegos por donde los zapatistas intentaran escapar. Al poco rato llegó el capitán con las órdenes de abrir fuego contra aquella casa con techo de lámina, pero los primeros soldados en llegar, reportaron que escucharon los gritos de los ocupantes de la casa cuando entraron los zapatistas.

No saber quienes estaban en casa, ya fueran niños o adultos, hombres o mujeres, hizo que la estrategia de los hombres del ejército cambiara. La guardia se extendió por un par de horas más. La neblina comenzó a bajar y con ello la visibilidad iría disminuyendo. Estar apostados en el suelo cubierto de hojas humedecidas por la lluvia matutina de ese día, no era fácil, aunque debían estar entrenados los soldados para ello.

De repente detuvo su relato. Sus ojos se llenaron de lágrimas de rabia, así lo decían el rechinar de sus dientes. Levantó su mirada perdida en el espacio, mientras llenaba de aire sus pulmones.

-          ¿Sabes? Pasamos cerca de tres horas esperando que alguien saliera, dispuestos a jalar del gatillo a cualquiera que se asomara de aquella casa. Esa era la orden. Pensé que se rendirían y saldrían con las manos en alto. Pero no lo hicieron, tampoco usaron sus armas en contra nuestra. Al poco rato comenzó a lloviznar y comencé a sentir frío. Yo estaba apostado del lado izquierdo de la casa y cuando menos lo pensé, salió corriendo un niño de ocho años. ¡Tírale! Gritó el capitán. ¡Jala del gatillo! ¡Soldado, es una orden!

-          ¡Dime que no le hiciste caso!

lunes, 23 de agosto de 2021

Cómo un fragmento de historia puede cambiar la vida de un niño

Una simple pregunta llevó a un fragmento de Historia que le cambió la forma en que un niño llegó a percibir la vida siendo adulto.


Por Joaquín Campos

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Sentados en el tronco seco de un árbol de Huanacaxtle, le hice una pregunta a mi padre: ¿Qué era Los Ángeles ´84’? Él, que siempre buscó que mis hermanas y yo practicáramos algún deporte de alto rendimiento, constantemente nos observaba y creyó encontrar nuestro talento deportivo. Descartó el boxeo y el futbol para mi y consideró a una de mis hermanas apta para las carreras cortas de velocidad y la segunda de ellas huía de los balones.


Pero cuando le pregunté sobre Los Ángeles ´84, sus ojos se le abrieron llenos de algún tipo de ilusión. Tenía 8 años, así que era posible que algún día terminara practicando algún deporte en la élite mundial… me decanté por el atletismo de medio fondo y no pasé de representar a las instituciones educativas donde estudiaba. Lo más cercano a un evento olímpico que estuve, fueron las pruebas de un pre – olímpico al que no asistí por varios factores.

Era la primavera de 1984 y las radios de los vecinos no dejaba de escucharse los spots que anunciaban los próximos juegos veraniegos. Cuando prendíamos el televisor en casa de la abuela, en los comerciales de los juegos olímpicos aparecían imágenes de deportes que yo no conocía: por la careta que recuerdo, creo que era esgrima, por los caballos ahora puedo decir que se refería a la equitación, y otros tantos deportes de los que me acuerdo nebulosamente.

Mi padre practicó el beisbol muchos años, pero en esos días lo practicaba como relevista; creo que debió emocionarse al hablar sobre diferentes delegaciones de atletas representando a sus países para llevarse una medalla olímpica por ganar en futbol, marcha, carreras de velocidad y fondo, voleibol, basquetbol, saltos, lanzamientos, boxeo, y no sé cuántos otros deportes más.

Pero lo que en verdad llamó mi atención esa tarde, fue un comentario que hizo sobre la Historia de México en forma de pregunta: “¿Sabes que Los Ángeles pertenecía a México y que los ´gringos´ nos lo quitaron?”

-          ¿Cómo? – Pregunté con esa rabia que caracteriza a niños de esa edad.

-          Si… Los Ángeles está en un territorio de un día le perteneció a México. Los Estados Unidos le hicieron la guerra a México y le quitaron no solo esa ciudad, sino la mitad del territorio que le pertenecía a nuestro país.

Me contó más detalles, pero el hecho de que nos quitaron el estado de California y otros más, me marcó para siempre. El nacionalismo con que me contó esa historia hizo que guardara un resentimiento hacia todo lo que los norteamericanos representan. En esos días mi padre simpatizaba con un partido político, el Popular Socialista, era la recta final de la guerra fría y el neoliberalismo comenzaba a inundar al mundo. Todos esos factores encendieron el patriotismo que transmitió a mi corazón.

Ahora que soy docente de Historia, creo que los que tenemos esta noble labor, debemos tener sumo cuidado de cómo enseñamos esta clase. Si alguien considera que las clases de Historia no tienen trascendencia, en menos de una hora de historia deportiva y de México, nunca logré aprender el inglés, veo con cierto recelo a los americanos que visitan el país, no se diga cuando leo o escucho noticias sobre economía, geopolítica, migración y la actuación norteamericana afecta a nuestra nación.

Está demás señalar una lectura que encontré hace algunos días, donde Florescano (1999) cita a Ferro, quien considera que “la imagen que tenemos de otros pueblos, y hasta de nosotros mismos, está asociada a la Historia tal como se nos contó cuando éramos niños. Ella deja su huella en nosotros para toda la existencia.”

A partir de la lectura de este fragmento, he buscado las estrategias, las metodologías, los recursos, las técnicas para mejorar mi práctica docente y no contaminar la percepción de la vida de tantos niños y adolescentes que pasan en mi aula.

 

Referencias:

Florescano, E. (1999) Para qué enseñar la historia. Revista Nexos. 1° de mayo, 1999. Recuperado de: https://www.nexos.com.mx/?p=9250

miércoles, 7 de abril de 2021

¿Cómo lograr que los estudiantes aprecien la clase de Historia?

¿Tiene que ver las estrategias didácticas utilizadas? ¿Qué tanto influye la preparación académica del docente? ¿Son importantes las planeaciones en todo esto?

Por Galdino Enríquez Antonio

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Es frecuente encontrarse con que la clase de Historia está directamente relacionada con fechas de eventos, nombres de personajes y sitios donde ocurrieron situaciones que son calificados como hechos históricos. Aunado a esto, es notorio lo aburrido que pueden encontrar los estudiantes esta clase cuando el docente no varía sus estrategias ni persigue objetivos claros y solo busca pasar el tiempo con resúmenes y cuestionarios.


https://www.muyhistoria.es/curiosidades/fotos/
los-libros-mas-influyentes-de-la-historia

En una investigación realizada por Soria y Korniejczuk (2017), encontraron que “el interés por la materia de historia en los estudiantes de secundaria depende en gran manera de la preparación académica y de la metodología del docente.” Además, observó que “en los alumnos del docente que tiene una mejor preparación académica y cuenta con mayores elementos para realizar una planeación, hay mayor motivación e interés por la materia, además de la apropiación del conocimiento de la historia.”


En esta misma investigación, Soria y Korniejczuk (2017) descubrieron que de acuerdo con la forma en que el docente presenta su materia a los estudiantes, es determinante para que éstos disfruten de la clase de Historia. Agrega también que, si el docente planea sus clases y las actividades a realizar dentro y fuera del aula, el alumno percibe la dedicación del docente por lograr el avance académico de sus alumnos.

Leer “¿Cómo será la Escuela después de la Pandemia?”, en: https://www.pressdek.com/c%C3%B3mo-ser%C3%A1-la-escuela-despu%C3%A9s-de-la-pandemia-3600

El profesor que siente gusto por impartir la materia de historia trasmitirá ese gusto a sus alumnos, promoviendo un aprendizaje significativo”, puntualizaron Soria y Korniejczuk (2017). Las investigadoras consideran que “Los docentes deben construir sus planeaciones didácticas considerando las estrategias pedagógicas para todos los estilos de aprendizaje y que deben cultivar el gusto por la asignatura que enseñan, para comunicar esta vivencia a los estudiantes.”


En su informe, Soria y Korniejczuk (2017) señalan que “Los resultados de las entrevistas mantenidas con los alumnos determinaron que el maestro que implementa actividades diferentes y divertidas motivó a sus alumnos a interesarse y apropiarse de los temas de la materia de historia.” En numerosas investigaciones leemos una y otra vez este tipo de reportes, ahora nos toca a los docentes de Historia tomar cartas en el asunto para que nuestros estudiantes no consideren nuestra clase como algo tedioso y de poco valor para su crecimiento académico.


Leer “Los peligros en educación tras la pandemia”, en: https://www.pressdek.com/los-peligros-en-educaci%C3%B3n-tras-la-pandemia-3360


Soria y Korniejczuk (2016), realizaron su investigación con estudiantes y docentes de escuelas secundarias de la Mixteca Alta en el Estado de Oaxaca, México. Participaron 381 alumnos que cursaban la clase de Historia en Tercero de Secundaria en el Ciclo Escolar 2015 – 2016 y el documento con los resultados de la investigación, puede consultarse en el siguiente enlace: https://doi.org/10.37354/riee.2017.173

 

Referencias:

Soria Bautista, A., & Korniejczuk, R. de. (2017). Vivencias de alumnos de tercer grado del nivel secundario en el aprendizaje de la historia en relación con las aproximaciones pedagógicas de los docentes. RIEE | Revista Internacional De Estudios En Educación, 17(2), 117-133. https://doi.org/10.37354/riee.2017.173

martes, 7 de abril de 2020

Factores que influyen en la enseñanza – aprendizaje de la Historia


Por Galdino Enríquez Antonio

En el presente informe, se reportan los resultados encontrados en la aplicación de una serie de instrumentos (encuestas y cuestionarios) a alumnos y padres de familia del Segundo Semestre, de una Escuela Preparatoria Particular ubicada en los Valles Centrales de Oaxaca; así como a maestros que imparten clases en 5º y 6º grados en escuelas de Educación Primaria de la Zona Escolar 167 del IEEPO (Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca).

Los alumnos de este semestre consideran a la clase de Historia, no como una de las  materias que más se les facilita, ya que ocupa el lugar 7 entre 9 asignaturas. Al recoger la información de los alumnos (35), de los maestros (34), y de los padres de familia (35), cuestionados, se encontró que existe una constante: los docentes enseñan Historia, generalmente, de manera tradicional. La literatura revisada, también indica esto.

Por más de 20 años se ha hablado de este tema y no se ha logrado superar la forma tradicional de enseñar Historia. En el presente informe, resalta el hecho que los docentes requieren cambiar su forma de enseñar Historia, pero para que este cambio llegue, requieren ser capacitados y los alumnos ser instruidos sin que el contenido sea el centro de las actividades académicas, sino las habilidades y las estrategias históricas.

Marco teórico:

Hace veinte años, en la Revista Nexos fue publicado un texto escrito por el historiador Enrique Florescano (1999), donde señalaba que existe “una crisis general de la enseñanza de la historia en el sistema educativo mexicano.” Esta crisis se origina en la dependencia de la memorización en las prácticas educativas a lo largo de la educación básica y que se extendía hasta el nivel medio y superior.

Al igual que Florescano, Lamoneda (1998) también señalaba esta situación, al indicar que “la enseñanza de una historia memorística, de reproducción de acontecimientos…, de la historia política, la de los grandes hombres. Lo que no es más que producto de una herencia positivista que reduce, de manera considerable, las posibilidades de la disciplina.”

En estudios recientes, se habla de que la creencia popular señala que saber historia implica “la acumulación memorística de hechos, conceptos o fechas del pasado”, de acuerdo con Gómez, Ortuño y Molina (2014). En tanto que Gómez, Rodríguez y Miralles (2015), hablan de que a la hora de aplicar exámenes y resolver ejercicios en los libros, “ciertos contenidos históricos va inculcando en el alumnado un conocimiento a menudo sesgado, y principalmente memorístico, basado en hechos, conceptos y saberes descriptivos.”

“Todavía permanece en un considerable porcentaje del profesorado una visión positivista en la enseñanza, que obedece a esa concepción ´culturalista´ que buena parte del profesorado otorga a la enseñanza de la historia”, indica Molina et al. (2017), citando a Miralles, Molina y Ortuño. Agrega también, que “posiblemente, la solución se encuentre en una apropiada formación inicial y continua del profesorado”.

En el 2017, en el documento de Aprendizajes Clave para la educación integral de la SEP, se lee lo siguiente: “se considera necesario dejar atrás una enseñanza centrada en la repetición de hechos, lugares y personajes históricos, y encaminarse a un aprendizaje que reflexione sobre el pasado para responsabilizarse y comprometerse con el presente.” (SEP, 2017, p. 384)

Este documento señala que la crisis en la enseñanza de la Historia continúa hoy en día, pese a que fue indicado por Lamoneda (1998) y Florescano (1999) hace veinte años y no se ha logrado erradicar.

Soria, A. (2016), citando a Casal, señala que,
…un 75% de los estudiantes plantean que la clase de historia los llena de fechas y datos; un 58% sostiene que deben memorizar esos datos; un 80% dice que los temas de estudio son aburridos, otro 70% responde que la forma de enseñar del profesor es aburrida y que no estimula la curiosidad. Un 73% opina que es una materia como mera herramienta para profundizar sentimientos patrióticos oficiales y relacionar a la patria con los grandes hombres.

Resultados y Análisis:

Se aplicaron los instrumentos propuestos a tres grupos (maestros [34], alumnos [35] y padres de familia [35]), con el propósito de triangular la información. Estos fueron los resultados encontrados:

El 71% de los docentes entrevistados, reconocen que las clases de Historia, que cursaron en el Nivel Básico, eran aburridas y/o tradicionales. Sólo el 58% de estos maestros, están buscando la manera de cambiar los patrones aprendidos en la enseñanza de la Historia. 


Se encontró que el 50% de los docentes están repitiendo las actividades que realizaron en la clase de Historia cuando fueron alumnos. Esta situación se refleja en el sentir de los estudiantes, ya que señalan actividades tradicionales en la enseñanza de la Historia que no les agrada realizar. Entre estas actividades se encuentra la realización de resúmenes, dictados, líneas de tiempo (no se les ha enseñado a elaborarlas adecuadamente), lecturas sin propósito alguno y aprenderse muchas de fechas.



Los padres de familia están preocupados por la falta de dinamismo en las clases de Historia de sus hijos, es decir, no existe una variedad de estrategias que motive a sus hijos a estudiar los contenidos y realizar las actividades de esta materia. Consideran que es necesario que los docentes muestren más empatía hacia los alumnos y mejoren los métodos de enseñanza.

Por su parte, los docentes señalan que los alumnos desarrollen hábitos de estudio aplicables a la enseñanza – aprendizaje de la Historia. Además, consideran la necesidad de ser capacitados en las estrategias de enseñanza de la Historia, ya que solo el 18% reconoce haber recibido capacitación específica para la enseñanza de la Historia. 

 


Estos datos revelan que la enseñanza tradicional de la Historia sigue presente en las aulas. Esto mismo encontraron Bécares et al. (2016), quienes consideran que “Desde el siglo XIX hasta principios de los años setenta del siglo XX, debido a la concepción que se tenía de la Historia en sí misma, ésta era enseñada de una forma positivista e historicista a través de lo que se denomina la educación tradicional, cerrada al diálogo o a la creatividad.”

Una de las situaciones que llaman la atención, es que los alumnos no desarrollaron las habilidades necesarias para realizar un resumen o una línea del tiempo. Los alumnos no han aprendido a realizar estas actividades académicas porque sus docentes no se han preocupado por enseñárselos. El hecho que señalen los alumnos que aún se les dicte contenidos históricos, revela que los docentes no han recibido capacitación sobre estrategias más dinámicas para la enseñanza de la Historia.

Cuando los padres señalan que los docentes deben mejoran sus métodos de enseñanza, tiene que ver más con el deseo de los docentes que sean capacitados en las nuevas tendencias educativas, es decir, actualizar la capacitación que un día recibieron en los cursos universitarios.


Para terminar:
Se requiere cambiar la forma de enseñar Historia desde la perspectiva tradicional y pasar a desarrollar actividades dinámicas, donde el alumno se sienta involucrado y se le presenten retos académicos.

Torres, A. (2017), entrevistó a Peter Senge, profesor en la escuela de negocios del Massachusetts Institute of Technology, quien señaló que lo primero que tiene que hacer un maestro,
“…es desaprender, olvidar los métodos pedagógicos tradicionales. Es muy difícil porque tienen una identidad muy fuerte y se sienten orgullosos de estar al frente de la clase. Creen que mantener el orden y la atención en su discurso es lo que les hace buenos profesores y tal vez sea ese el problema, las lecciones magistrales brillantes. Para que se produzca el cambio tiene que haber una masa crítica de esos adultos en las escuelas que diga basta.”

Considerando esto, será necesario cambiar las formas usadas hasta ahora. Se va a requerir capacitar a los docentes para que desaprendan sus viejas formas y adquirir nuevas estrategias y hacer uso de herramientas tecnológicas a su alcance.

Los alumnos señalaron algunas actividades que les gustaría realizar con mayor frecuencia. Son actividades aplicables a la asignatura de Historia y bien podría ser una forma de iniciar el cambio en la forma de enseñar la materia.


 
















Referencias Bibliográficas:

Bécares, L., Busto, M. & de Hoyos, C. (2016). Sentarse, escuchar y repetir. ¿Existe
otra forma de enseñar historia? IKASTORRATZA. e-Revista de Didáctica, 16, 15-38. Recuperado de: http://www.ehu.es/ikastorratza/16_alea/2.pdf

Florescano, E. (1999) Para qué enseñar la historia. Revista Nexos. 1° de mayo, 1999.

Gómez, C., Ortuño, J. y Molina, S. (2014). Aprender a pensar históricamente. Retos
para la historia en el siglo XXI. Revista Tempo e Argumento, Florianópolis, v. 6, n.11, p. 05–27, jan./abr. 2014. Recuperado de: https://www.revistas.udesc. br/index.php/tempo/article/download/2175180306112014005/3052

Gómez, C., Rodríguez, R. y Miralles, P. (2015) La enseñanza de la Historia en Educación
primaria y la construcción de una narrativa nacional. Un estudio sobre exámenes y libros de texto en España. Perfiles educativos vol.37 no.150 México oct./dic. 2015. Recuperado de: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext& pid=S0185-26982015000400002

Lamoneda, M. (1998) ¿Cómo enseñamos historia en el nivel medio superior? Revista
Mexicana de Investigación Educativa, vol. 3, núm. 5, enero-juni, 1998. Consejo Mexicano de Investigación Educativa, A.C. Distrito Federal, México. Recuperado de: http://www.redalyc.org/pdf/140/14000506.pdf

Molina, S., Miralles, P., Deusdad, B., y Alfageme, M. (2017). Enseñanza de la historia,
creación de Identidades y prácticas docentes. Profesorado. Nº extraordinario (Julio, 2017) ISSN 1138-414X, ISSNe 1989-639X. Recuperado de: http://www.redalyc.org/html/567/56752038018/

Secretaría de Educación Pública (2017). Aprendizajes Clave para la educación
integral. CDMX, México: SEP.

Torres, A. (23 de enero de 2017). “El profesor del siglo XXI tiene que enseñar lo que no

domingo, 17 de noviembre de 2019

¿Qué se requiere para mejorar la enseñanza de la Historia?

Por Galdino Enríquez
Instituto KNG

En el 2017, Torres entrevistó a Peter Senge, profesor en la escuela de negocios del Massachusetts Institute of Technology, quien señaló que lo primero que tiene que hacer un maestro:
“…es desaprender, olvidar los métodos pedagógicos tradicionales. Es muy difícil porque tienen una identidad muy fuerte y se sienten orgullosos de estar al frente de la clase. Creen que mantener el orden y la atención en su discurso es lo que les hace buenos profesores y tal vez sea ese el problema, las lecciones magistrales brillantes. Para que se produzca el cambio tiene que haber una masa crítica de esos adultos en las escuelas que diga basta. Esto no va sobre decidir buenas o malas respuestas, sino sobre afrontar problemas reales.” (Torres, 2017).

“El cambio de paradigma en la enseñanza-aprendizaje de la Historia sólo puede comenzar desde los niveles educativos iniciales”, de acuerdo con Gómez, et al., (2015), quienes citan a Cooper. En estos niveles iniciales de enseñanza de la historia, los profesores se centran en el uso de algunas herramientas, siendo las más dos de ellas: “la usada para enseñar (libro de texto) y la usada para calificar (examen).” (Gómez, et al., 2015)

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https://femina.hu/terasz/kepviselok_tanarok_nyari_szunet/
 Alfageme y Miralles (2014), citan a Pozo, et al., quienes señalan que si se busca cambiar las formas en que se enseña y se aprende, es necesario hacerlo a partir de un cambio en “las mentes y las concepciones de profesores, y también de los alumnos.” Ya que ambos tienen “Una herencia cultural, tradiciones asumidas y no cuestionadas, sobre lo que es aprender y enseñar, unas concepciones que rigen las prácticas diarias y son un verdadero currículo oculto que guía la práctica educativa.”

Para que exista un cambio en la percepción de la historia, Gómez (2013), encontró que numerosos investigadores señalan que es necesario cambiar la concepción que hace que se vea a la Historia como una materia que se ocupa de la memorización del pasado. Si bien es cierto, el pasado es el objeto de estudio de la Historia, los estudiantes deben aprender desde edades tempranas cómo se construye la narrativa del pasado. Pero si el maestro sigue enseñando como le enseñaron, nunca se logrará romper ese ciclo.

Gómez (2013), analizó un estudio realizado por Cuesta en 1998, y encontró que veinte años después, él (Gómez) llega a las mismas conclusiones: se seguía enseñando historia de manera tradicional, donde las clases eran de tipo magistrales y teniendo como principal apoyo didáctico los libros de texto; además, se seguía teniendo exámenes escritos como la principal forma de evaluación. La pregunta es: ¿cómo impartieron clases los docentes que fueron formados con esta metodología de enseñanza de la Historia?

El estudio llevado a cabo por Gómez (2013), fue realizado también por Gómez, Rodríguez, y Mirete, en el 2016. En el estudio celebrado por Gómez, et al., (2016), se encontró que sigue predominando lo conceptual y se sigue defendiendo por creencias comunes, “que la lección magistral y lo memorístico son la mejor forma de abordar temarios tan amplios siguen vigentes.”

Gómez, et al., (2016), sostiene que cumplir con el currículo es muy complicado. Es más fácil tomar el libro de texto preparado por las editoriales y avalado por las autoridades educativas que iniciar un proceso de transformación de la enseñanza de la Historia, donde se pongan en práctica las habilidades de los historiadores en el proceso. Si a esto le añadimos que no todos los maestros son especialistas en la enseñanza de la Historia, vamos a tener por mucho tiempo maestros enseñando de manera tradicional.

En una investigación llevada a cabo por Soria (2016), observó que los docentes con preparación académica adecuada para la enseñanza de la Historia, tienen alumnos con un gusto por la historia que los docentes que no tienen el perfil exacto para la enseñanza de esta materia.

Los alumnos de los maestros con un perfil docente a fin y no específico, tienen alumnos que consideran que la historia es una materia donde solo se va a “escuchar, discutir, leer libros de texto y realizar actividades aburridas; es una clase con visión bancaria.”

Por lo tanto, se requiere atender de manera puntual la capacitación magisterial, ya que la influencia del pasado estudiantil del docente juega un papel determinante en su forma de trabajar la clase de Historia con sus alumnos.

Gómez, et al., (2015), concluyen que la Historia es como una construcción, debe ser enseñada así en el aula. Agregan además, que “Para desarrollar esta cuestión, es necesario que los docentes de Historia posean una sólida teoría sobre la formación del pensamiento, la comprensión histórica en el alumnado, y en la búsqueda de marcadores de progresión cognitiva.”

Para Molina, et al., (2017), la solución a esta situación “se encuentra en una apropiada formación inicial y continua del profesorado, en la que se invite a reflexionar al profesorado en aspectos aparentemente tan básicos como para qué queremos enseñar historia, y qué historia queremos enseñar.”

Referencias:

Alfageme, M. y Miralles, P. (2014). El profesorado de Geografía e Historia de Enseñanza
Secundaria ante la evaluación. Educar em Revista, núm. 52, abril-junio, 2014, pp. 193-209. Universidade Federal do Paraná, Paraná, Brasil. Recuperado de:

Gómez, E. (2013). Lo que el historiador enseñante sabe y hace: Identificando habilidades docentes en practicantes de la Licenciatura en Historia. CPU-e, Revista de Investigación
Educativa, núm. 16, enero-junio, 2013, pp. 1-21. Instituto de Investigaciones en Educación
Veracruz, México. Recuperado de: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=283128328001

Gómez, C., Ortuño, J. y Molina, S. (2014). Aprender a pensar históricamente. Retos para
la historia en el siglo XXI. Revista Tempo e Argumento, Florianópolis, v. 6, n.11, p. 05–

Gómez, C., Rodríguez, R. y Miralles, P. (2015) La enseñanza de la Historia en educación
primaria y la construcción de una narrativa nacional. Un estudio sobre exámenes y libros
de texto en España. Perfiles educativos vol.37 no.150 México oct./dic. 2015. Recuperado
de: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-
26982015000400002

Molina, S., Miralles, P., Deusdad, B., y Alfageme, M. (2017). Enseñanza de la historia,
creación de Identidades y prácticas docentes. Profesorado. Nº extraordinario (Julio, 2017)
ISSN 1138-414X, ISSNe 1989-639X. Recuperado de: http://www.redalyc.org/html/
567/56752038018/

Torres, A. (23 de enero de 2017). “El profesor del siglo XXI tiene que enseñar lo que no sabe”. El País. Recuperado de: https://elpais.com/economia/2017/01/15/actualidad/1484514194_ 176496.html

viernes, 26 de abril de 2019

Las concepciones docentes y la clase de Historia

¿Cuánta injerencia tienen las concepciones de los docentes en el desarrollo de su práctica docente? ¿La clase de Historia está influenciada por estas concepciones?

Por Galdino Enríquez Antonio
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Existe un abanico de posibilidades que llegan a afectar la práctica educativa, y en muchos de los casos, no llegamos a darnos cuenta. Algunos son tan imperceptibles y creemos que no perturban los ejercicios académicos, sin embargo, pueden llegar a cambiar la dirección de la educación que practicamos. Por ello, desde tiempos inmemoriales, quien controla los procesos educativos, controla los destinos de una nación.

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https://www.reporterosasociados.com.co/2018/01/ensenanza-de-la-historia-
de-colombia-sera-obligatoria-y-continuara-integrada-a-las-ciencias-sociales/
Citando a Jodelet, Hernández, L. y Pagès, J. (2016) indican que cada uno tiene representaciones de la realidad social y las definen como un “conjunto de imágenes, concepciones, creencias, conocimientos, percepciones y experiencias de las personas.” Estas representaciones ayudan a las personas a tener una postura “ante una situación en un contexto social y se presentan como un conocimiento social pues nos permiten interpretar y darle sentido a nuestra realidad.”

En una investigación llevada a cabo por Molina, S., Miralles, P., Deusdad, B., y Alfageme, M. (2017), encontraron que existe un paralelismo entre las concepciones o creencias de los docentes sobre la función de la enseñanza de la historia y su práctica docente. Señalan además, que “la mayor parte del profesorado continúa realizando una enseñanza de la historia, apoyándose principalmente en el libro de texto y dando poco protagonismo al alumnado”, debido a su idea de maestro de Historia.

Leer: “¿Cómo se enseña Historia en la actualidad?”, en: https://tweethistoria.blogspot.com/2018/12/como-se-ensena-historia-en-la-actualidad.html

Para Alfageme, M. y Miralles, P. (2014), “Muchos autores corroboran que las concepciones de los profesores sobre la enseñanza, el aprendizaje y los currículos influyen fuertemente en cómo ellos enseñan y lo que los estudiantes aprenden”, y la forma de cómo fueron educados es una de esas concepciones, que generalmente es la que está estrechamente relacionada.

Entre las dificultades que enfrenta un maestro en la enseñanza de la Historia, es que el alumno tiene sus propias concepciones de la materia, así lo consideran Sanz, P., Molero, J. y Rodríguez, D., (2017), cuando señalan que “El alumnado no la reconoce con los rasgos propios de una ciencia social sino como un saber menor que no exige mayor esfuerzo que el de recordar algunos datos y explicaciones para las pruebas de evaluación.” Si esto es así, en muchos de los casos, los docentes también presentaron esta tendencia en los días de estudiantes y siguen conservando con ellos tal concepción.
Prueba de lo dicho se refleja en la visión que las investigaciones nos muestran sobre la visión de la historia por los estudiantes. El alumnado considera que la asignatura de Historia, y la propia historia, no necesita ser comprendida sino memorizada. Socialmente la historia se suele identificar como un conocimiento solamente útil para demostrar “sabiduría” en concursos televisivos, o para recordar, manifestando una pretendida erudición, datos y efemérides. La principal habilidad intelectual que se requiere para saber historia es, según la percepción del alumnado, tener una gran memoria.
Las investigaciones coinciden, de manera indefectible, en las siguientes concepciones y valoraciones del alumnado: primero, que la historia es una materia fácil, aburrida y poco útil; segundo, que tan solo exige buena memoria y que se aprende fácilmente las noches anteriores al examen; tercero, que es muy poco interesante, entendiendo el interés por las dificultades de comprensión y esfuerzo de dilucidación que exigen las materias que el alumno juzga de verdaderamente interesantes. (Sanz et al. 2017)

La sociedad en general también tiene una idea dispersa de la importancia debida de la enseñanza de la historia y según Sanz et al. (2017), lo visualiza de esta manera:
…existe una percepción social que identifica saber histórico con una visión erudita del conocimiento del pasado. Se trata de una visión bastante habitual. Según esta percepción, saber historia es igual a ser anticuario o albacea del recuerdo; saber historia es conocer curiosidades de otros tiempos, recordar datos que identifican un monumento o un acontecimiento, o, simplemente, recitar nombres de glorias y personajes pasados, generalmente del patrimonio propio. Esta tradición, cultivada desde el siglo pasado por multitud de eruditos locales, ha calado hondo en la sociedad. Nadie reclama, al que dice saber historia, una explicación general del pasado, ni que contextualice lo singular en un proceso general dinámico que, por fuerza, resulta complejo y requiere estar dotado de método y teoría. La razón es que la percepción general de este tipo de saber, el histórico, está más cerca de la erudición que de una ciencia social. Este hecho, aunque quizá no sea explicitado por el alumnado, marca profundamente el concepto que se tiene en la sociedad de la materia histórica y aflora frecuentemente cuando sondeamos las ideas previas de los escolares.

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https://www.lavozdegalicia.es/noticia/internacional/2013/08/13/
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Hernández, L. y Pagès, J. (2016) apuntan que la forma en que los expertos proponen estrategias y métodos “pueden llegar a reducirse, en el salón de clases, a una trasmisión de contenidos porque las estrategias se desarrollaron al margen de las representaciones sociales del profesorado, de sus alumnos y, sobre todo, del contexto social.” Y si el maestro tiene bien asimilada la historia desde su primera infancia, será muy difícil hacerle frente a sus representaciones.

Leer “5 actividades que mis alumnos odian de la clase de Historia”, en: https://institutokng.blogspot.com/2019/03/5-actividades-que-mis-alumnos-odian-de.html

Para Molina et al. (2017), las creencias de los docentes se manifiestan y se aplican en la práctica educativa que llevan a cabo, lo cual establece una serie de tipologías del maestro. Además, consideran que existe una relación entre las prácticas docentes y sus suposiciones.

Alfageme, M. y Miralles, P. (2014), descubrieron que los docentes conocen como llevar a cabo los procesos de enseñanza aprendizaje, así como los procesos de evaluación, solo que en el momento de ejecutarlos se inclinan por prácticas tradicionales, que incluso los llevan a desarrollar prácticas cuando ellos fueron alumnos. Los docentes con más años de servicio en el área educativa, tiene a ser más reacios en querer cambiar sus prácticas tradicionales que los docentes con menos años de servicio.

En el informe de una investigación didáctica, Zamudio, J. (2012), reporta que
En las investigaciones realizadas en las décadas de 1980 y 1990 se comprobó que los profesores, en buena medida, orientan sus acciones educativas a través del conocimiento y de las creencias que poseen. Estas se configuran a lo largo de su vida, y no solo en el ejercicio de la actividad docente. Es decir, se trata de un proceso permanente, que se reconstruye, se transforma y adquiere nuevos significados.
los profesores elaboran sus propios constructos, atendiendo a dos factores básicos: la experiencia vivida y los saberes que construyen las comunidades académicas, determinados por las condiciones sociales e históricas del contexto en el que se vive; lo que significa que este conocimiento es relativo y temporal, y se encuentra en continuo proceso de desarrollo.

Esto resulta interesante, ya que muchas veces no se considera este factor al momento de valorar el trabajo docente cuando imparte clases de cualquier materia, en especial a la hora de enseñar historia.

¿Qué ideas, creencias o concepciones tiene usted como maestro que está afectando para bien o para mal la enseñanza de la Historia?


Referencias Bibliográficas:

Alfageme, M. y Miralles, P. (2014). El profesorado de Geografía e Historia de
Enseñanza Secundaria ante la evaluación. Educar em Revista, núm. 52, abril-junio, 2014, pp. 193-209. Universidade Federal do Paraná, Paraná, Brasil. Recuperado de: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=155031152012

Hernández, L. y Pagès, J. (2016). ¿Cómo enseñar historia y ciencias sociales en la
educación preescolar? Revista Mexicana de Investigación Educativa (RMIE), 2016, VOL. 21, NÚM. 68, PP. 119-140 (ISSN: 14056666). Recuperado de: http://www.scielo.org.mx/pdf/rmie/v21n68/1405-6666-rmie-21-68-00119.pdf       
Molina, S., Miralles, P., Deusdad, B., y Alfageme, M. (2017). Enseñanza de la
historia, creación de Identidades y prácticas docentes. Profesorado. Nº extraordinario (Julio, 2017) ISSN 1138-414X, ISSNe 1989-639X. Recuperado de: http://www.redalyc.org/html/567/56752038018/

Sanz, P., Molero, J. y Rodríguez, D. (2017). La historia en el aula. Innovación
Docente y enseñanza de la historia en la educación secundaria. Lleida, España: Editorial Milenio. Recuperado de: http://www.ub.edu/histodidactica/images/documentos/pdf/Dificultades%20y%20retos%20para%20ensear%20historia.pdf

Zamudio, J. I. (2012). El conocimiento del profesor que enseña historia. Universidad
Santiago de Cali (Colombia). Recuperado de: http://www.redalyc.org/html/3241/324128700004/

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